"Cada hoja es todas las hojas del innumerable Arbol de los Relatos"

Sunday, June 08, 2008

"La naturaleza es sabia pero jodida"

Decía este Jorge Guinzburg jovencito en una nota de la revista “Satiricón” (“Muestrenme una zanahoria por favor”) de noviembre de 1983… casi minutos antes de la llegada de Alfonsín:

“Ni la democracia es la zanahoria que estoy buscando. No porque esté en contra; dicen que es muy linda y me alegro si llega, pero lo que busco es otra cosa. Algo más grande, más personal, oceánico, casi. Algo que pueda ser tan mío, tan exclusivo, como las yemas de los dedos. Y por ahora no aparece.”

Suerte que lo encontró… y nos dejó disfrutarlo a nosotros con él. Un tipo generoso en todo sentido, no como otros, que se acomodaron con cada uno que estuvo en el poder.
Ayer, día del periodista, en C5N, ese canal de televisión… más parecido a los que regenteaba el Proceso Militar, se anunciaba que había fallecido Bernardo Neustadt ¡Justo en el día del periodista!

La verdad, que periodismo, hacía Guinzburg… y, por suerte dejó escuela.

Penaba Jorge, desde el principio de la nota porque:

“La vida no es como me la contó mi mamá cuando era chico, ni como yo la veía en ese entonces en que todo era posible. Cuando con solo asomarse por la ventana uno podía ver como se quemaban los pastos de una montaña entera. O como el viento de Capilla del Monte había logrado tallar en una piedra la forma de un zapato.
Por esa época, papá y mamá eran altos, fuertes, poderosos e invencibles y el violín de papá daba el sonido más maravilloso del mundo. Entonces, qué sentido tenía buscar un premio si estaba allí y se podía acariciar tan fácilmente como la piel de mi gato.
(…) Después pasa el tiempo y aunque uno ya está más cerca del cajón, no se acostumbra a dormir fuera de la cuna. Empieza a sentir que respirar es un trabajo. El aire entra y sale como manojo de virulana por un tubo de aluminio: con el mismo ruido. Un ruido que hace doler los dientes y no deja escuchar adentro.
Aunque haya rescatado muchas princesas, trabaje de lo que ese chico quería trabajar y sea lo que había soñado ser. Cada trofeo ganado pesa en las manos como un bloque de cemento y ni siquiera puede bajar los brazos. Sigue adelante por pura voluntad aunque cada día cueste más.
(…) Más allá de la anécdota, aunque su casa no se parezca a la mía, aunque su niñez no tenga la escarcha de Córdoba bajo sus pies, en algo nos parecemos. Somos sobrevivientes. Si, aunque no haya pasado por un campo de concentración, no vuelva de una guerra en la que la mayoría de sus amigos murieron, ni haya padecido hambre, tortura o degradación, ni presenciado todos los días la ejecución de sus semejantes, ni como explotaba una bomba atómica a una cuadra de su casa, uno vivió los últimos años bajo la amenaza, la destrucción. Una destrucción sistemática, cruel y llanamente quieta (…) Hasta convencernos de que los verdaderos NN de esta sociedad somos nosotros mismos, integrantes del grupo destinado al extermino de la esperanza.
(…) Entonces se da cuenta que necesita un estímulo, que alguien le muestre una zanahoria, como se hace con los burros, que tan burros no deben ser desde el momento en que también reclaman una ilusión para poder seguir adelante (…) al ver a otros tan cansados, tan hartos, tan prematuramente encanecidos de adentro, sin proyectos, sin incentivos.
(…) A lo mejor a usted no le pasa. En el fondo tal vez es feliz y ya encontró su zanahoria. Quizás ni la necesita. Con ver crecer a sus hijos o con el asadito del domingo (…) es suficiente y está hecho. En el fondo, aunque no me crea, lo envidio. A mi todo eso no me alcanza. (…) Ni siquiera el cuento de la trascendencia alcanza.”


En el copete, el Tío Jorge se preguntaba: “Si los genios se preguntaron las mismas cosas que yo y no encontraron respuesta ¿Para qué sirve esta nota?”

Sirve para que yo: María Elsa Rodríguez (la del nombre poco original y repetido miles de veces en el universo de la web...), pueda opinar y marcar la diferencia entre los Guinzburg, Abrevaya, Castelo y demás personas que se portaron dignamente en vida, iluminando el camino de otros (haciéndonos recordar nuestra propia zanahoria), y separándose notoriamente de los personajes nefastos y colaboracionistas como Bernardo Neustad.
La información es un derecho y deformada, al estilo Neustadt, no sirve…

“Las gratificaciones porstmortem solo pueden gratificar a los biógrafos, nunca a uno.”

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“María Elsa Rodríguez nació en San Miguel (Buenos Aires, Argentina). Supo que lo suyo no eran las obtusas matemáticas, y que los sueños la movilizaban más que la realidad. Estudió Cinematografía, Fotografía, Biología Marina y Bibliotecología. Formó parte del elenco de: “Gris de Ausencia”, de Roberto Cossa y “Tartufo”. En un momento sospechó que la película más genial y el mejor libro ya existían, por ello, decidió respetuosamente seguir escribiendo en secreto... hasta que: “Mirna, un domingo en camiseta” se estrenó en teatro, para su sorpresa, y envió unos cuentos a una editorial...”