"Cada hoja es todas las hojas del innumerable Arbol de los Relatos"

Wednesday, April 23, 2008

La barca de piedra, un fragmento

“Hay una mujer esperándole. Se detuvo José Anaico a la entrada de la sala, vio a una mujer joven, una muchacha, tiene que ser esta, no hay aquí nadie más, pese a estar en el contraluz de los visillos parece simpática, bonita, lleva pantalón y chaqueta azul, de un tono que debe ser añil, tanto puede ser periodista como no serlo, pero al lado de la silla donde se sienta tiene una maletita de viaje y en las rodillas un palo ni pequeño ni grande, entre un metro y metro y medio, el efecto es perturbador, una mujer vestida así no anda por la ciudad con un palo en la mano. No será periodista, pensó José Anaico, por lo menos no están a la vista los instrumentos de su oficio, cuadernillo, bolígrafo, grabadora.
La mujer se levanta, y este gesto, inesperado, pues está dicho que las señoras, según el ritual de etiqueta y buenas maneras, deben esperar en sus lugares a que los hombres se aproximen y las saluden, entonces ofrecerán la mano o darán la mejilla, de acuerdo a la confianza o el grado de intimidad o su naturaleza, y compondrán su sonrisa de mujer, educada, o insinuante, o cómplice, o reveladora, depende. Este gesto, quizá no el gesto, sino el estar allí, a cuatro pasos, de pie una mujer esperando, o, en vez de eso, la súbita conciencia de que se ha suspendido el tiempo mientras no se da el primer paso, verdad es que el espejo es testigo, pero de un momento anterior, en el espejo, José Anaico y la mujer aún son dos extraños, de este lado no, aquí, porque van a conocerse, se conocen ya. Este gesto, este gesto del que antes no se puede decir todo, hizo que se moviese el suelo de tablas como un convés, el arfar de un barco en la ola, lento y amplio, esta impresión no es comparable al conocido temblor de que habla Pedro Orce, no le vibran los huesos a José Anaico, pero todo su cuerpo sintió física y materialmente sintió, que la península, aún así llamada por costumbre y comodidad de expresión, de hecho y de naturaleza va navegando, solo lo sabía por observación exterior, ahora lo sabe por sensación propia”

José Saramago

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“María Elsa Rodríguez nació en San Miguel (Buenos Aires, Argentina). Supo que lo suyo no eran las obtusas matemáticas, y que los sueños la movilizaban más que la realidad. Estudió Cinematografía, Fotografía, Biología Marina y Bibliotecología. Formó parte del elenco de: “Gris de Ausencia”, de Roberto Cossa y “Tartufo”. En un momento sospechó que la película más genial y el mejor libro ya existían, por ello, decidió respetuosamente seguir escribiendo en secreto... hasta que: “Mirna, un domingo en camiseta” se estrenó en teatro, para su sorpresa, y envió unos cuentos a una editorial...”