"Cada hoja es todas las hojas del innumerable Arbol de los Relatos"

Thursday, July 03, 2008

Los leales traidores de siempre

… y, me refiero a las tropas del ejército argentino que se autodefinieron “leales” (o no lo desmintieron cuando las consideramos de tal manera), al primer presidente democrático de esta nueva era, quienes jamás llegaron a rescatarlo. Permitiendo de esta forma, que los “carapintadas” y los que los querían de vuelta, aprovecharan esos levantamientos para crear confusión y revivieran temores pasados.
Para ellos, el gesto de la imagen del Sr. Pinti, que ilustra estas sentidas letras...




Desde ayer, Raúl Alfonsín se ha convertido en “Ciudadano Ilustre”.

http://www.clarin.com/diario/2008/07/03/elpais/p-01401.htm

Con amarga nostalgia, presa de una severa melancolía por el idealismo imperante de entonces, me quito mi medio melón del mate para pedir perdón ante algunos, por esta reparación histórica. De cualquier manera, “las rayas de la camisa pintadas en la piel”[1] se me desdibujan un poco…
Quizás, mi género literario, sea el epistolar... así que:

Querida Leila:
Lamento que tu vehemente adolescencia no te permita disfrutar mi prematura vejez. Sospecho que, en algún momento te pase como a mi… y, notes con sorpresa, que las personas que más te hacen enojar, son las que más se te parecen o te provocan mayor admiración. Si me ofendí tanto con Alfonsín (a quien idolatré en su momento), fue por su lamentable error histórico y por no hacerse matar como Salvador Allende. Por preferir que los que estábamos haciéndole el aguante fuera de Campo de Mayo con nuestra propia vida… (la que hubiéramos ofrendado gustosos, para evitar tener que ver toda esta decadencia posterior que te jode tanto… y que, a los jóvenes viejos nos deprime también), volviéramos sanos y salvos a casa.
El “Superagente 86” respondía a la pregunta: “¿Cómo quiere morir, Smart?”, que le formulaba su captor de turno, con esta frase: “De viejo”.
Bueno, yo sigo sin estar de acuerdo y prefiero a “Alatriste”… si morimos, que sea dignamente.

Mad.

Es curioso, que en esta era, debamos publicar nuestros pareceres para entendernos, estando una al lado de la otra. Pero me falta la segunda disculpa y, de otra forma, en este caso, no se me ocurre:

Estimado Raúl Ricardo:
Cuando escribía ficticios reportajes para que mi tío Jorge incluya una movilera sin suerte en un programa que no salió nunca al aire… uno de estos textos, era justamente un encuentro con Raúl Alfonsín, ex presidente de la Nación. La mujer le reclamaba una serie de cuestiones, tales como que le hubiera destrozado sus ideales juveniles. Pero a ella le molestaba, en realidad, que fuera el primero de una serie de bigotudos que la estafó luego. La verdad que ambas cosas tenían que ver conmigo, porque yo le creí, lo seguí, me expuse torpemente por su culpa… y me arrepentí de todo ello, vea.
Hoy, a la distancia, me sigue fastidiando el recuerdo. Aunque pueda comprender el contexto en el que sucedieron, esos turbulentos acontecimientos, me molesta igual.
Tal vez ahora, me joda más que los pendejos no tengan ni idea de quien es usted, porque mucha gente de mi generación niega el pasado reciente. ¿Por evitar el dolor?¿Por vergüenza?
¿Quedará su figura como la de Belgrano, desdibujada por sus propios camaradas?
Disculpe la comparación… (a los dos. No se si Don Manuel se sentiría halagado u ofendido) pero no se me ocurre alguien más que haya sido tildado de inepto, blando, incapaz. Illia, claro. Pero los mocosos a los que me refiero, tampoco lo conocen, y, tal vez crean que fue un inepto…
En fin, la idea es que, algunos personajes destacables, han sido políticamente incorrectos, y algunas corporaciones, necesitaban sacárselos de encima. ¿Cómo olvidar que la CGT le “ayudaba” con paros generales casi diarios haciendo ingobernable su mandato?
Antes de todo eso, Soriano, en la revista “Humor”2, tratando de explicar su reciente triunfo dice: “Las clases medias, en su espectro más amplio, aliadas a la pequeña burguesía y aun a la derecha liberal, propinarían a las extenuadas masas de trabajadores peronistas, una sonora bofetada. Desde el festivo domingo 30 de octubre, cuando Raúl Alfonsín fue consagrado Presidente constitucional de la República, el destino de los más necesitados, de los más miserables, de los más humillados, quedó en manos de la inteligencia liberal. Por primera vez después de casi seis décadas.(…)
Nunca en la historia argentina, los intelectuales acompañaron tan activamente a los distintos candidatos (…) La gran mayoría llamó a votar a Alfonsín y fue curioso observar la heterogeneidad de la militancia: codo con codo apostaron liberales, oportunistas, ex exiliados, miedosos, gorilas, progresistas, escépticos, víctimas y colaboracionistas de ayer. La Biblia y el calefón.
Expectativas disímiles apoyaron la candidatura de Raúl Alfonsín desde que éste tuvo la astuta idea de llamar a su lado a un grupo de intelectuales serviciales y antifascistas. Desde su propia expresión de deseos, todos ellos creyeron que este hombre decente era maleable a la medida de cada uno. Es posible que en estos días comiencen las decepciones y las broncas, mientras algunos, los más trabajadores e incondicionales, cosechan el fruto de su esmero.”
Insisto, me molesta que: su actitud de ceder, implantara la postura “light” que la gente tomó, por desilusionarse ante ese hecho. La vida no es light, y los jóvenes desinteresados de hoy, lo notarán pronto.

María Elsa

[1] “Balada para un loco”. Piazzolla-Ferrer.
2 “La coalición del miedo”. Revista Humor. Número 116, pág. 36-37. Noviembre 24, 1983.

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“María Elsa Rodríguez nació en San Miguel (Buenos Aires, Argentina). Supo que lo suyo no eran las obtusas matemáticas, y que los sueños la movilizaban más que la realidad. Estudió Cinematografía, Fotografía, Biología Marina y Bibliotecología. Formó parte del elenco de: “Gris de Ausencia”, de Roberto Cossa y “Tartufo”. En un momento sospechó que la película más genial y el mejor libro ya existían, por ello, decidió respetuosamente seguir escribiendo en secreto... hasta que: “Mirna, un domingo en camiseta” se estrenó en teatro, para su sorpresa, y envió unos cuentos a una editorial...”