"Cada hoja es todas las hojas del innumerable Arbol de los Relatos"

Wednesday, July 30, 2008

"Hay otros mundos interiores con los que una se puede encontrar"

“Cada vez que se da la ocasión destaco como lugar de resistencia la eficacia de las pequeñas comunidades que vamos formando a través de lazos afectivos y de intereses compartidos. Comunidades que pueden pasar inadvertidas como lugares de intercambio profesional, porque no son formales, funcionan por teléfono, por mail, en el mejor de los casos con mate, bebé y otras circunstancias al medio mientras se van desgranando los ¿Qué hago? ¡Mirá lo que salió en este grupo! Hay que leer estos libros (...) la posibilidad de comprobar que las bibliotecas de todo tipo _ desde la caja forrada del aula hasta la popular del pueblo_ van apareciendo como buenas alternativas a las leyes del mercado. (...) Todas estas observaciones me enseñaron que el mundo de la propia escritura –al que a veces por desaliento puede llegar a sentirse inútil- tiene sentido, porque hay otros mundos interiores con los que una se puede encontrar.
Con un solo cuento no vamos a mover la estructura que genera las redes de violencia entre las personas, ni los problemas de una sociedad. Pero a la vez está la convicción de que el tiempo del cuento y del poema y de la construcción a través de ellos, de vínculos generosos y más simétricos, es lo mejor que se puede dar a los niños y entre los seres humanos en general.
Que de la mano de cuentos y poemas se puede llegar, quizás no demasiado lejos, pero si hondo, e instalar una forma diferente de estar en el mundo.
(...) Si confío en la conexión amplia, libre, recurrente, curiosa, afectiva, con la obra artística. Confío en la eficacia de esta conexión con pocas normas fijas porque es la que crea una zona para dejarse ser. Quizás una de las pocas y verdaderas zonas de libertad.
Leer ficción implica no funcionar solo racionalmente, es ir más allá de leer lo que estrictamente acostumbramos para nuestras profesiones, para aprender cosas del llamado mundo real. Leer ficción y poesía nos lleva a apelar al imaginario particular de cada uno; a ese imaginario auténtico, profundo, a veces desvalorizado, a una zona no licuada todavía por los clichés del mercado y los medios. A los imaginativo y poético que instala algo nuevo y abre una brecha diferente, otros temas y formas de decirlo (...) una forma de conocimiento que nos contacta con narradores de cuentos, con historias enigmáticas y sentidos poéticos que no tienen una sola lectura, con emociones que se corporizan en palabras justas, y por lo tanto se vuelven imprescindibles, y útiles para vivir.
Todo esto nos acerca –aunque parezca utópico-, a vislumbrar otras formas de vida, otras posibilidades, dentro de un contexto con sentido, y por lo tanto a enfrentar aquello que hoy nos agobia.
En la ficción, en la poesía, hay ideas, nociones, sensaciones, obsesiones, que pueden llevarnos a leer y sentir la realidad de otra manera. A veces, a ver lo que no vemos y sin embargo está ahí, a captar una puerta posible de abrir, a activar el deseo y la fe por lo desconocido.
(...)
Abrir la puerta, tender el puente.
(...)
Cuando uno narra una historia va construyendo el espacio, llamémoslo así, de la esperanza. Es lento, no hace el efecto inmediato de un analgésico. Va forjando una actitud ante la vida, corrigiendo, como una buena gimnasia, problemas posturales de la existencia; este nuevo espacio se incorpora a la mirada, a las prácticas cotidianas. ¿Llegarán así, por ese camino, a ser los vínculos menos violentos, las personas más justas, en el amor o en el odio? No lo se, pero ese deseo es le que da calor a mi oficio (...) Es un camino que lleva a la ampliación de las profesiones, a la construcción de vínculos, de redes de sostén para un mundo resquebrajado. Sostén desde propuestas fuertes, que se tocan con el amparo, el consuelo, y de alguna forma, la construcción de la libertad.”


Laura Devetach. “Resistir a la crisis: leer ficción, leer poesía”, fragmentos.
(Jornadas para Bibliotecarios y docentes 12º Feria Infantil- 23 de julio/2001)

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“María Elsa Rodríguez nació en San Miguel (Buenos Aires, Argentina). Supo que lo suyo no eran las obtusas matemáticas, y que los sueños la movilizaban más que la realidad. Estudió Cinematografía, Fotografía, Biología Marina y Bibliotecología. Formó parte del elenco de: “Gris de Ausencia”, de Roberto Cossa y “Tartufo”. En un momento sospechó que la película más genial y el mejor libro ya existían, por ello, decidió respetuosamente seguir escribiendo en secreto... hasta que: “Mirna, un domingo en camiseta” se estrenó en teatro, para su sorpresa, y envió unos cuentos a una editorial...”