"Cada hoja es todas las hojas del innumerable Arbol de los Relatos"

Monday, October 06, 2008

La política... ese género satírico

La obra maestra de Swift, Viajes a varios lugares remotos del planeta, titulada popularmente Los viajes de Gulliver, fue publicada como anónimo en 1726 y obtuvo un éxito inmediato. A pesar de que fue concebida originalmente como una sátira, un ataque ácido y alegórico contra la vanidad y la hipocresía de las cortes, los hombres de estado y los partidos políticos de su tiempo, el autor fue añadiendo, durante los seis años que tardó en escribirla, desgarradas reflexiones acerca de la naturaleza humana. Los viajes de Gulliver es, por tanto, una obra salvajemente amarga y, en ocasiones, indecente, una desabrida burla a la sociedad inglesa de su tiempo y por extensión al género humano.(…)
El cuarto libro, Gulliver en el país de los Houyhnhms suele eliminarse de muchas ediciones juveniles por su excesiva mordacidad, ya que en el fondo lo que está planteando Swift es que la compañía de los animales —de los caballos, concretamente— es preferible y más estimulante que la de muchos humanos.

Su epitafio, escrito por él mismo en latín, reza:

"Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, D., deán de esta catedral, en un lugar en que la ardiente indignación no puede ya lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar a un hombre que fue un irreductible defensor de la libertad".

Abandonado el viajero, cual Jack Sparrow, en una isla, por su propia tripulación, comienza Swift a narrar su historia en el país de los caballos… más civilizados que los humanos que “en ese sitio” se comportan como bestias (los yahoos). Por supuesto, la ironía del autor alcanza en esta parte su mayor altura…

“Les producían perplejidad enorme mis zapatos y medias, que palparon muchas veces, relinchándose uno a otro y haciendo diversos gestos no desemejantes de los que hiciera un filósofo que intentara explicarse algún fenómeno nuevo y difícil de entender.
En suma: el proceder de aquellos animales era tan ordenado y racional, tan agudo y discreto, que, por último, concluí que habían de ser mágicos que con ciertos fines se hubieran metamorfoseado y que, encontrando a un extranjero en su camino, hubiesen querido holgarse con él, o quizá que realmente se sorprendieran a la vista de un hombre tan diferente, por su traje, su semblante y su tez, de los que era probable que hubiese en clima tan remoto. Tomando fundamento de estas razones, me aventuré a dirigirme a ellos en la manera siguiente: «Caballeros: si sois encantadores, como tengo serios motivos para suponer, entenderéis todos los idiomas; de consiguiente, me permito comunicar a vuestras señorías que yo soy un pobre inglés afligido, lanzado por mis desventuras a vuestra playa; y rogar que uno de los dos me deje ir en su lomo, como si fuese un caballo verdadero, hasta alguna casa o aldea donde pueda ser remediado. Y en pago de este favor yo os regalaré este cuchillo y este brazalete.»

Ellos lo tomaron a él como “un animal con condiciones”, por lo que le enseñaron su idioma: “se mostraron muy admirados de mi capacidad”
Con el tiempo, lograron comunicarse:

“Mi principal tarea consistía en aprender el idioma, que mi amo -pues así le llamaré de aquí en adelante- y sus hijos y todos los criados de la casa tenían gran interés en enseñarme, pues consideraban un prodigio que una bestia descubriese tales disposiciones de criatura racional. Yo apuntaba a las cosas y preguntaba los nombres, que escribía en mi libro de notas cuando estaba solo, y corregía mi mal acento pidiendo a los de la familia que los pronunciasen a menudo. En esta ocupación se mostraba siempre solícito conmigo un potro alazán perteneciente a la categoría de los más humildes criados.
Pronuncian, al hablar, con la nariz y con la garganta, y su lenguaje se parece más al alto holandés o alemán que a ningún otro de los europeos que conozco, aunque es mucho más gracioso y expresivo. El emperador Carlos V hizo casi la misma observación cuando dijo que si tuviese que hablar a su caballo lo haría en alto holandés.
La curiosidad y la impaciencia de mi amo eran tales, que dedicaba muchas de sus horas de ocio a instruirme. Estaba convencido, según más tarde me dijo, de que yo era un yahoo; pero mi facilidad de aprender, mi cortesía y mi limpieza le asombraban, como cualidades opuestas por entero a la condición de aquellos animales.
(…)
Mi amo tenía curiosidad extrema por saber de qué parte del país había llegado y cómo me habían enseñado a imitar a un ser racional, pues se había observado que los yahoos -a quienes veía que me asemejaba exactamente en la cabeza, las manos y la cara, que eran lo solo visible-, que presentaban alguna apariencia de astucia y la más decidida inclinación al mal, eran los animales más difíciles de educar. Le contesté que había llegado, a través de los mares, de un sitio lejano, con muchos otros de mi misma especie, en una como gran artesa, hecha de troncos de árboles; que mis compañeros me habían forzado a desembarcar en aquella costa y luego abandonádome a mi suerte. No sin dificultad, y ayudándome con señas, pude lograr que me entendiese. Me contestó que por fuerza estaba equivocado, o decía la cosa que no era -pues en su idioma no tiene palabra para expresar la mentira o la falsedad-. Sabía muy bien él que era imposible que hubiese un país más allá del mar, así como que un grupo de animales pudiese mover una artesa de madera sobre el mar según les viniese en gana. Tenía la seguridad de que ningún houyhnhnm existente podría hacer tal artesa ni confiar en que yahoos lo hiciesen.
La palabra houyhnhnm, en su lengua, significa caballo, y por su etimología, la perfección de la Naturaleza.

Jonathan Swift: “Viajes de Gulliver (fragmento)”
El Autor de la Semana - © 1996-2000
Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Chile
Selección y edición de textos: Oscar E. Aguilera F. (oaguiler@uchile.cl).

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“María Elsa Rodríguez nació en San Miguel (Buenos Aires, Argentina). Supo que lo suyo no eran las obtusas matemáticas, y que los sueños la movilizaban más que la realidad. Estudió Cinematografía, Fotografía, Biología Marina y Bibliotecología. Formó parte del elenco de: “Gris de Ausencia”, de Roberto Cossa y “Tartufo”. En un momento sospechó que la película más genial y el mejor libro ya existían, por ello, decidió respetuosamente seguir escribiendo en secreto... hasta que: “Mirna, un domingo en camiseta” se estrenó en teatro, para su sorpresa, y envió unos cuentos a una editorial...”