"Cada hoja es todas las hojas del innumerable Arbol de los Relatos"

Friday, September 26, 2008

"Cómo algo hermoso puede ser pervertido hacia su opuesto"


“Entre 1968 y 1971 yo estaba en la escuela de cine y también escribía para Filmkritik. En la escuela no aprendí mucho, pero absorbí muchísimo cine escribiendo. No tenía ningún método para hacer crítica y ningún criterio más que “la verdad”. Ciertamente, no una verdad objetiva, solo la verdad de la experiencia: yo miraba películas, pero al mismo tiempo que estaba atento a la pantalla, era consciente de mi mismo como espectador. Escribir era tanto una observación de mi mismo como de lo s films. No reflexionaba sobre las películas, yo las reflejaba y punto. Sentía que los films eran extraordinarios, necesarios, eran sobre la vida, me daban vida. Y yo les daba vida, también.
Había empezado a escribir sobre cine cuando vivía en París tratando de convertirme en pintor. Sin embargo, pasaba la mayor parte del tiempo en la cinemateca. En un principio fue porque por solo un franco podía pasar más de dos horas en un lugar cálido. Pero después quedé enganchado y veía tres o cuatro películas por día, y los fine de semana hasta siete. Hice un curso de un año sobre la historia del cine. Cuando volvía a casa, de noche, las imágenes se confundían. Entonces empecé a tomar notas, a escribir sobre cine.
Me conmueve que me sienta más familiarizado con estas reseñas releyéndolas ahora, que con mis propios primeros films que son de la misma época. Cuando los vuelvo a ver, ellos me provocan extraños, mezclados sentimientos. La escritura, en cambio, me parece más simple, como un libro abierto. Puedo ver a través de cada palabra, mientras en el cine las imágenes parecen estar escondidas y dejan tantas preguntas abiertas: ¡De donde vienen? ¡Por qué las junté de esa manera?
La palabra escrita siempre se explica a si misma, tal vez porque es el vínculo entre la imagen de aquella objetiva pantalla y de la pantalla más subjetiva de todas, la mente. Una imagen solo existe cuando es vista, existe porque es vista. Las películas no tienen existencia sino a través de los ojos. De hecho, son siempre vistas primero por un director, con la ayuda de su guionista, cameraman, actores y algunas personas más, y en segundo lugar por cada persona del público. Cada cual mira y crea su propio film. El crítico también. Como cualquier otro, él es guiado por el film en la pantalla añadiendo _ o sustrayendo_ sus propias emociones, colores, memorias, sentido del humor… por lo tanto, es una responsabilidad muy grande escribir sobre un film. El peligro de escribir sobre uno mismo y sepulta el film en ese proceso es bastante considerable.
Los peores ejemplos de sepulturas se pueden encontrar en críticas de los periódicos matutinos. Basta abrir el New York Times, por ejemplo: un verdadero cementerio de cine, donde se encuentra la perversión americana de la crítica cinematográfica. No hay un solo rastro de modestia o humanidad hacia las películas. Solamente un show cínico de arrogancia y superioridad. El crítico aquí es el juez, y su juicio tiene poder: el de destruir antes de su estreno o de convertirlo en un suceso. Ambas alternativas son igualmente terribles.
Con respecto al ensayo más reciente_ “El sueño americano”_ trata del mismo fenómeno: cómo algo decente y hermoso puede ser pervertido hacia su opuesto a través del descuido y del abuso cínico.”

Revista Página 30: “La emoción de las imágenes. Reflexiones sobre cine”. Por Wim Wenders, 1990. (Fragmento)

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“María Elsa Rodríguez nació en San Miguel (Buenos Aires, Argentina). Supo que lo suyo no eran las obtusas matemáticas, y que los sueños la movilizaban más que la realidad. Estudió Cinematografía, Fotografía, Biología Marina y Bibliotecología. Formó parte del elenco de: “Gris de Ausencia”, de Roberto Cossa y “Tartufo”. En un momento sospechó que la película más genial y el mejor libro ya existían, por ello, decidió respetuosamente seguir escribiendo en secreto... hasta que: “Mirna, un domingo en camiseta” se estrenó en teatro, para su sorpresa, y envió unos cuentos a una editorial...”