"Cada hoja es todas las hojas del innumerable Arbol de los Relatos"

Thursday, December 03, 2009

Yo soy Ned Flanders...

En Facebook aparecen unos jueguitos medio pelotudos tipo: "¿Qué personaje de Los Simpsons eres?". El sistema busca entre tus datos incriminándote con este o aquel nombre.
Yo sin pedirle a la ciencia que juegue por mi, me daba perfecta cuenta que no podía salir de "Marge", hasta que lo logré el día feliz que "Homero" se las tomó definitivamente y no murió como había prometido durante 17 años... simplemente cambió de casa.
Ahora elijo ser "Ned Flanders", ya que el rol de Homer, se lo asigno a la gente externa a mi hogar, que me hace infelices las horas diarias que no puedo evitar compartir con ellas y su subnormalidad.
Flanders, elige no ser ventajero como su vecino y hasta hace esfuerzos por apreciarlo... pareciendo tonto por padecerlo y perdonarlo.
Sospecho que cuando uno decide mantenerse firme en sus convicciones no puede dejar de pasar por boludo.
Pero ya ven, creo que ser bueno no es ser tonto.
Es tener principios.

Recomiendo: "La muerte de Ivan Ilich", un libro tal vez pasado de moda (como lo que sostiene Flanders), que describe a esa gente que quizás antes de morir finalmente logre recapacitar y darse cuenta de que si lo hubiera hecho antes nos hubiese jodido menos a los demás y lo habría pasado mejor...

Como los compañeros de este personaje que piensan así:

"... al recibir la noticia de la muerte de Iván Ilich lo primero en que pensaron los señores reunidos en el despacho fue en lo que esa muerte podría acarrear en cuanto a cambios o ascensos entre ellos o sus conocidos.
«Ahora, de seguro, obtendré el puesto de Shtabel o de Vinnikov -se decía Fyodor Vasilyevich-. Me lo tienen prometido desde hace mucho tiempo; y el ascenso me supondrá una subida de sueldo de ochocientos rublos, sin contar la bonificación.»
«Ahora es preciso solicitar que trasladen a mi cuñado de Kaluga -pensaba Pyotr Ivanovich-. Mi mujer se pondrá muy contenta. Ya no podrá decir que no hago una maldita cosa por sus parientes.»
-Yo ya me figuraba que no se levantaría de la cama -dijo en voz alta Pyotr Ivanovich-. ¡Lástima!-Pero, vamos a ver, ¿qué es lo que tenía?
-Los médicos no pudieron diagnosticar la enfermedad; mejor dicho, sí la diagnosticaron, pero cada uno de manera distinta. La última vez que lo vi pensé que estaba mejor.
-¡Y yo, que no pasé a verlo desde las vacaciones! Aunque siempre estuve por hacerlo.
-Y qué, ¿ha dejado algún capital?
-Por lo visto su mujer tenía algo, pero sólo una cantidad ínfima.
-Bueno, habrá que visitarla. ¡Aunque hay que ver lo lejos que viven!
-O sea, lejos de usted. De usted todo está lejos.
-Ya ve que no me perdona que viva al otro lado del río -dijo sonriendo Pyotr Ivanovich a Shebek. Y hablando de las grandes distancias entre las diversas partes de la ciudad volvieron a la sala del Tribunal.
Aparte de las conjeturas sobre los posibles traslados y ascensos que podrían resultar del fallecimiento de Iván Ilich, el sencillo hecho de enterarse de la muerte de un allegado suscitaba en los presentes, como siempre ocurre, una sensación de complacencia, a saber: «el muerto es él; no soy yo».
Cada uno de ellos pensaba o sentía: «Pues sí, él ha muerto, pero yo estoy vivo.» Los conocidos más íntimos, los amigos de Iván Ilich, por así decirlo, no podían menos de pensar también que ahora habría que cumplir con el muy fastidioso deber, impuesto por el decoro, de asistir al funeral y hacer una visita de pésame a la viuda."

León Tolstoi: "La muerte de Ivan Ilich (fragmento)".

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“María Elsa Rodríguez nació en San Miguel (Buenos Aires, Argentina). Supo que lo suyo no eran las obtusas matemáticas, y que los sueños la movilizaban más que la realidad. Estudió Cinematografía, Fotografía, Biología Marina y Bibliotecología. Formó parte del elenco de: “Gris de Ausencia”, de Roberto Cossa y “Tartufo”. En un momento sospechó que la película más genial y el mejor libro ya existían, por ello, decidió respetuosamente seguir escribiendo en secreto... hasta que: “Mirna, un domingo en camiseta” se estrenó en teatro, para su sorpresa, y envió unos cuentos a una editorial...”