"Cada hoja es todas las hojas del innumerable Arbol de los Relatos"

Sunday, February 22, 2009

¿La infancia es la primavera de la vida?


Capaz que ya lo pregunté.

Soy tan persistente con lo que no me sale...






Pero a veces me preocupa esto de que la mía se explique con esto del calentamiento global y el cambio de clima…

porque todos no hemos sido precisamente felices allá en la niñez, pero (como decía Rosa Montero) “la memoria, además de caprichosa, es una gran fabuladora. Todos somos inventores de nuestra propia historia; escribimos y alteramos nuestro pasado como los novelistas inventan un personaje”.
Hay un powerpoint que recibo por mail cada tanto. Va cambiando un poco el texto, según el que lo rearma… y, sobre todo las imágenes. Una vez me llegó con fotos de juguetes brasileros que eran parecidos, pero el efecto de nostalgia no fue el mismo.
Añoramos lo que reconocemos como propio. Solo de esa manera nos resulta algo personal y conmovedor.
Yo casi no lo abro esta vez solo por el título: “Buenos años los 60 y 70”. Para mi, nombrados así, no son un recuerdo... feliz, precisamente. Reconozco que no he tenido la mejor infancia y mucho menos alegre fue la adolescencia, por la especie de guerra civil que se vivía particularmente en mi casa por temas políticos, y en la Argentina en general… por esa misma razón: demasiados “generales” y milicos matando.
A lo mejor, otros “pendeviejos” como yo, no se dieron cuenta entonces y pudieron ser más alegres. De allí esas ganas locas de volver allá lejos y hace tiempo.
A mi, me gustaría “envejecer como quien se hace joven”, porque algunas cosas rescato y otras ansío tener prontamente, ahora que me siento mejor... y rejuvenecida.




Allá va el texto de marras:


"Respondé una cosa:
Tuviste tu infancia durante los años 60, 70 ...?
¿Cómo pudiste sobrevivir?
Al final de cuentas...
Los autos no tenían cinturones de seguridad, apoyos de cabeza, ¡¡Ni bolsas de aire!!
¡Íbamos sueltos en el asiento trasero festejando, cantando !
¡Y eso no era peligroso!
Las camas tenían escaleras y los juguetes eran multicolores con piezas que se soltaban o al menos pintados con unas tintas “dudosas“ conteniendo cualquier veneno.
No había trabas de seguridad en las puertas de los autos, llaves en los armarios de medicamentos,
detergentes o químicos domésticos.
La gente andaba en bicicleta para allá y para acá, sin casco, guantes, canilleras o coderas...
Bebíamos agua de filtro de barro, del caño, de una manguera, o de una fuente y no aguas minerales en botellas ¨esterilizadas¨.
Construíamos los famosos carritos de ruedas y aquellos quienes tenían la suerte de vivir cerca de una bajada asfaltada, podían tentar de batir records de velocidad y hasta verificar en el medio del camino que habían gastado la suela de los zapatos, que eran usados como frenos...Y estaban descalzos...
Después de algunos accidentes...
¡Todos los problemas estaban resueltos!
Íbamos a jugar en la calle con una sola condición: volver a casa antes del anochecer. No había celulares... ¡Y nuestros padres no sabían dónde estábamos!¡Era increíble!
Brazos enyesados, dientes partidos, pantalones razgados, cabeza pelada
¿Alguien se quejaba de eso?
Todos tenían razón, menos nosotros...
Comíamos dulces a voluntad, pan con manteca, bebidas con la (peligrosa) azúcar. No se hablaba de obesidad,
jugabamos siempre en la calle y éramos super activos ...
Compartíamos con nuestros compañeros y amigos los útiles comprados en el almacén de la esquina, y nunca nadie quedó burro por eso ....
¿Quién no tuvo un cachorro llamado Rin Tin Tin?
Nada de dogui. Comían la misma comida que nosotros (muchas veces los restos) ¡Y sin problema alguno!
¿Baño caliente? ¿Champú?
¡Nada! Uno agarraba al perro y otro con una manguera (fría) iba echando agua y refregandolo con (créanlo) jabón (en barra) ¡De lavar la ropa!
¿Algún perro murió o se enfermó por causa de eso?
La única verdadera pregunta es:
¿Cómo la gente consiguió sobrevivir? "



Texto de Dejan Trifunovic, modificado por Grossber
Dicen que hay que re-enviarlo a amigos y a sus hijos para que recuerden o nos comprendan...
Yo quiero otra cosa.

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“María Elsa Rodríguez nació en San Miguel (Buenos Aires, Argentina). Supo que lo suyo no eran las obtusas matemáticas, y que los sueños la movilizaban más que la realidad. Estudió Cinematografía, Fotografía, Biología Marina y Bibliotecología. Formó parte del elenco de: “Gris de Ausencia”, de Roberto Cossa y “Tartufo”. En un momento sospechó que la película más genial y el mejor libro ya existían, por ello, decidió respetuosamente seguir escribiendo en secreto... hasta que: “Mirna, un domingo en camiseta” se estrenó en teatro, para su sorpresa, y envió unos cuentos a una editorial...”